Apoyo al duelo

Apoyo al duelo

Duelo: ¿Qué es y por qué pasa?

El duelo es una reacción natural que transitamos todas las personas cuando ocurre una pérdida. Este proceso es diferente para cada persona y cada uno lo experimentamos de manera distinta, siendo válidas todas las emociones que sentimos (tristeza, enfado, rabia, culpa, miedo, ansiedad, soledad, desamparo e impotencia, añoranza y anhelo, agotamiento, desesperanza). La duración del duelo para cada uno de nosotros varía según la relación que tenemos con la persona fallecida, el momento vital y la forma en que ocurre, nuestra propia relación con la muerte, así como los apoyos que tengamos alrededor.

Nuestro cuerpo también suele expresar la pérdida en forma de insomnio, cansancio, falta de apetito, tensión muscular, presión en el pecho, entre otras señales, siendo todas ellas normales. La mente, por su parte, puede experimentar confusión, buscar sistemáticamente un “por qué”, tener recuerdos repetitivos, o sensación de irrealidad. (Todas estas reacciones, aunque dolorosas, forman parte de la adaptación a la pérdida. Respetar nuestro cuerpo y emociones es clave para transitar el proceso).

En el duelo, no hay emociones equivocadas. Sentir tristeza, enfado, miedo, culpa, alivio o incluso alegría es natural. Validar lo que sentimos —sin juzgarnos— nos permite vivir el duelo con mayor libertad y menos sufrimiento añadido. Durante el proceso de duelo tendremos altibajos, lo importante es no exigirse estar bien antes de tiempo, ni compararse con los demás porque cada duelo tiene su tiempo. Al principio, sentir que “no vamos a poder con esto” es bastante común. Poco a poco, el dolor deja de doler con la misma intensidad, y se transforma en un recuerdo más sereno. Es más, no querer sentir el dolor que conlleva, aunque es muy humano, puede paradójicamente cronificar el malestar e impedir que llegue a integrarse la pérdida.

Etapas del duelo

Los sentimientos, emociones, pensamientos y reacciones pueden ser confusos y cambiar constantemente. Por eso, recuerda que no existe una forma correcta o incorrecta de estar y sentir cuando tenemos una pérdida, lo esencial es reconocer que lo que nos pasa es natural y hasta necesario una vez que no hay vuelta atrás. Cada persona necesitamos nuestro propio ritmo. Si toca llorar llora. Si toca querer desconectar temporalmente, desconecta. Si toca buscar apoyo, búscalo en tus relaciones personales e incluso con un psicólogo. Si quieres aislarte temporalmente, estás en tu derecho.

Para comprenderlo con más profundidad, se presentan las cinco etapas comunes en el proceso de duelo. Estas etapas pueden darse en cualquier orden y de forma flexible dependiendo del proceso de cada persona:

SHOCK | ENOJO | NEGOCIACIÓN | TRISTEZA | ACEPTACIÓN

Cada etapa tiene un propósito y nos ayuda a avanzar en este difícil camino, explicado a continuación:

Shock/Negación

“No puede estar pasando esto…””¿Por qué?”, ”Él/ella no ha podido morir”

Sentimos desconcierto, bloqueo emocional o incredulidad. Es una reacción protectora de la mente ante un golpe tan grande. Nos ayuda a amortiguar el dolor mientras vamos asimilando poco a poco la realidad.

Función psicológica: El propósito de esta fase es darnos tiempo y administrar nuestros recursos internos. La negación es un mecanismo de defensa que nos permite asimilar la magnitud de lo que ha sucedido a nuestro propio ritmo. Es un espacio para procesar la pérdida sin ser abrumados por el dolor de inmediato. Esto nos da tiempo para poder encarar el duelo con más claridad cuando estemos listos.

Enfado/Impotencia

“¡Qué injusto!”,”¿Por qué me pasa a mí?”,”¿Por qué a él/ella ahora?”

Empiezan a surgir emociones más intensas como la rabia, la frustración o la tristeza. Podemos sentirnos irritables o culpables, y tener síntomas como insomnio o ansiedad. Esta etapa nos ayuda a expresar lo que nos duele, movilizarnos contra el dolor, aunque se manifieste en forma de enfado.

Función psicológica: Esta fase sirve como un escape activo para el dolor. El enfado nos permite empezar a EXPRESAR lo que estamos sintiendo sin ser abrumados por la tristeza totalmente. Nos ayuda a lidiar con la impotencia y la vulnerabilidad que la pérdida nos genera. Es importante ser amables con nosotros mismos en esta etapa, respetando los sentimientos de ira o frustración sin juzgarnos y sin juzgar negativamente a los que lo tienen. Es parte del proceso.

Negociación

“¿Y si hubiera hecho algo diferente?” “¿Ahora cómo sigue mi vida?”

Buscamos explicaciones, deseamos volver atrás o imaginamos escenarios alternativos. Esta fase es una forma de recuperar algo de control frente a la impotencia. Es normal que aparezcan pensamientos de culpa o arrepentimiento.

Función psicológica: El objetivo de esta fase es el de recuperar algo de control sobre lo que ha sucedido. Después de la impotencia que sentimos en la etapa anterior, la negociación es una manera de protegernos del dolor. Al pensar en cómo pudimos haber cambiado las cosas, tratamos de hacer más llevadera la tristeza y el sufrimiento. Esta fase es una forma de posponer la aceptación completa de la pérdida, aunque sabemos que no podemos evitarla.

Tristeza y Síntomas depresivos

“Qué vacío más grande”, “Qué triste la vida sin él”, “El dolor me abruma…”

Aquí el dolor se vuelve más evidente. Se experimenta sin intentar cambiarlo, simplemente se sufre el vacío que deja. Podemos sentirnos sin energía, con necesidad de llorar o de aislarnos. Esta etapa nos permite liberar emociones profundas y conectar con lo que estamos viviendo desde el corazón. Llorar también es necesario. Hoy día queremos sentirnos siempre bien, lo cual puede paradójicamente hacerte sentir peor.

Función psicológica: En esta etapa, nuestro cuerpo y mente nos piden liberarnos de la emoción acumulada. Llorar y expresar el dolor es una parte fundamental del proceso de duelo. No debemos ver esta tristeza como algo que no debería estar, sino como una señal de que estamos procesando la pérdida. El duelo nos invita a transitar el dolor (sentir lo que necesitamos, respetándolo) para poder integrarlo con aceptación. Durante esta fase, podemos sentir que necesitamos estar rodeados de seres queridos, o por el contrario, que debemos retirarnos y estar a solas, para cada persona es distinto y ambas opciones son válidas. Lo más importante es escuchar nuestras necesidades con amabilidad hacia nosotros mismos.

Aceptación e integración

“Ya puedo vivir con ello…”, “esta muerte forma parte de mi vida, y aunque no pueda cambiarla, sí puedo integrarla y darle un sentido personal”, “aunque él/ella ya no está físicamente presente, puedo relacionarme con su esencia, dentro y fuera de mí”, “lo siento cerca”, “doy gracias a la vida por darme la oportunidad de haber vivido con él/ella durante este tiempo, incluso aunque falleciera”, “la muerte es parte de la vida”.

No significa olvidar, sino aprender a vivir con lo ocurrido. Empezamos a reconstruirnos poco a poco. Integramos la pérdida y encontramos un nuevo equilibrio. Es la fase en la que, tras mucho sentir, comenzamos a mirar hacia adelante con más calma, pudiendo recordar a la persona con más felicidad que dolor (aunque todavía se sienta éste). De alguna forma, integramos a la persona dentro de nosotros, ya no la buscamos tanto fuera. Rellenamos el vacío.

Función psicológica: La aceptación es el resultado de haber vivido y procesado todas las emociones anteriores. Nos da la fortaleza para mirar hacia adelante y encontrar maneras de seguir adelante, integrando la pérdida como parte de nuestra historia. Esta fase es la recolocación de nuestra vida, una forma de decir: “Sé que esto ha sucedido, y puedo continuar viviendo con este dolor de manera más llevadera”. La aceptación no es el olvido, sino la integración de la pérdida en un proceso de crecimiento y sanación.

Recuerda, cada duelo es un camino personal y único, y las etapas no tienen que seguir un orden fijo. Es normal pasar por ellas varias veces, o incluso saltar de una a otra. El duelo no tiene una duración exacta, y no hay una forma correcta de experimentarlo. Lo más importante es ser compasivos con nosotros mismos y entender que cada emoción que sentimos es válida y necesaria para nuestro proceso. La muerte, por más indeseable que pueda ser, es parte de la vida, e incluso nos ayuda a valorarla.

Autores:
Javi Esteso y Dr. David F. Carreño
psicólogos en Psicología Existencial Positiva, Sevilla.

Back to Top

Search For Products

El producto se ha añadido al carrito.